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¿QUÉ HUBIERA PASADO SI LOS NAZIS HUBIERAN GANADO LA IIGM?

¿Qué hubiera pasado si la Alemania nazi y Japón hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial?

¿Cómo sería el mundo si la primera bomba atómica hubiera sido lanzada por el ejército alemán sobre la ciudad de Washington y no por el estadounidense sobre Hiroshima?

Esa es la inquietante premisa de la serie “The Man in the High Castle” (“El hombre en el castillo”), que Amazon acaba de estrenar en su plataforma digital en internet.

Con el director británico Ridley Scott como productor ejecutivo, la serie está basada en el libro del mismo título del conocido escritor de ciencia ficción Philip K. Dick.

Dick es autor de las novelas y relatos en las que se inspiraron películas como “Blade Runner”, dirigida por el propio Scott, “Minority Report”, de Steven Spielberg, o “El vengador del futuro” (“Desafío Total”, en España), de Paul Verhoeven.

“The Man in the High Castle” está ubicada en 1962 y sitúa al espectador en unos Estados Unidos divididos en tres territorios por los ganadores de la contienda mundial: al oeste los Estados Japoneses del Pacífico, en el centro un territorio neutral y al este el Gran Reich Nazi.

La acción transcurre en un San Francisco controlado por las tropas japonesas y un tenebroso Nueva York dominado por los símbolos nazis como el águila imperial o la esvástica, que sustituye en la bandera estadounidense a las estrellas que representan a los antiguos estados confederados.

En el centro de la trama se sitúa unos rollos de película que contienen imágenes de una historia alternativa en la que las tropas aliadas derrotan a los nazis, que son guardados con celo por los miembros de la resistencia, obligados a vivir en la clandestinidad.

Buenas críticas

 

La serie ha sido bien recibida por la crítica y por los espectadores, que han sido los que han hecho que se haya acabado estrenado.

Amazon tiene la costumbre de rodar episodios piloto de series para que sea el público el que decida cuáles se han de convertir en series completas.

 

En el caso de “The Man in the High Castle”, su episodio piloto fue el que mejor valoración tuvo en la historia de la plataforma digital de Amazon.

La novela de Philip K. Dick fue adaptada por Frank Spotnitz, guionista de la serie de televisión “Expediente X”.

“Creo que todavía vivimos en una época de miedo. Vivimos en un mundo post-11 se septiembre. Ver cómo la gente se enfrenta a situaciones de pesadilla y sobrevive es relevante“, dijo Spotnitz a medios estadounidenses sobre la buena recepción que había tenido la serie entre el público.

“Trata sobre personas que intentan seguir siendo humanos en un mundo inhumano. Hay tantas cosas que están pasando ahora que son terriblemente inhumanas. ¿Qué puedes hacer? ¿Puedes cambiar las cosas?”, reflexionó el guionista sobre la serie.

“The Man in the High Castle” fue rodada principalmente en la ciudad canadiense de Vancouver y cuenta con una cuidado diseño de producción que hace que el espectador se sumerja en la realidad alternativa que presenta.

Publicidad polémica

Los creadores de la serie reconocen que el eran conscientes de que el argumento de “The Man in the High Castle” podía herir sensibilidades y llegar a ser considerado ofensivo por algunos.

Y prueba de que la idea de unos Estados Unidos bajo control nazi no es del agrado de todo el mundo fue la reacción que causó la publicidad de la serie que Amazon colocó hace unos días en el metro de Nueva York.

 

 

Llenaron unos vagones de la línea que une la estación de Grand Central con Times Square con símbolos como el águila imperial de la Alemania nazi o el sol naciente japonés.

La Autoridad Metropolitana del Transporte decidió retirar los anuncios tras recibir numerosas quejas de pasajeros y de organizaciones como la Liga Antidifamación.

Incluso se mostraron contrarios a la publicidad el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, y el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo.

Temas actuales

 

Domic Patten, periodista de la publicación Deadline Hollywood, cree que “The Man in the High Castle” va a dejar una huella profunda en los espectadores.

“No sólo impresiona por el contexto político en el que sucede. Es una serie que profundiza en la realidad personal de los protagonistas y creo que eso hace que el espectador también se cuestione su propia realidad”, asegura en conversación con BBC Mundo.

 

Según Patten, “muchos de los temas que se tratan en la serie, como la vigilancia de los ciudadanos por parte de las autoridades, se discuten hoy en día en EE.UU.“.

Y también destaca “el excelente diseño de producción, con una paleta visual muy interesante, que hace que te sumerjas en la serie”.

“Es un ambiente opresivo en el que el control de las autoridades nazis y japonesas es omnipresente”.

El periodista de Deadline Hollywood cree que “The Man in the High Castle” va a consolidar a Amazon como uno de los principales productores de contenidos audiovisuales en esta “época dorada de la televisión”.

Brian Steinberg, editor de televisión de la revista Variety, sostiene que Amazon, igual que otros servicios de streaming como Netflix o Hulu, tiene el doble desafío de convencer a los espectadores de que vean la serie y además paguen por ello”.

“Por eso su estrategia publicitaria tiene que ser más agresiva, para llamar la atención”, señala Steinberg en conversación con BBC Mundo.

El periodista de Variety asegura que con “The Man in the High Castle” Amazon demuestra que “está produciendo series muy interesantes que no se ven en la televisión tradicional”.

LA PROPAGANDA SOVIÉTICA DURANTE LA SGM

La propaganda es bastante distinta de la publicidad. Ambas intentan vendernos

algo, pero la principal diferencia es que la primera tiene un fin comercial y no ideológico, lo cual sí ocurre con la segunda. Por ello, este va a ser uno de los recursos utilizados durante la Segunda Guerra Mundial, tanto por las Potencias del Eje como las del bando Aliado.

La Unión Soviética también destacará por emplear técnicas de persuasión que utilizarán los medios de comunicación como principal vía para ello. La radio, el cine y, como no, el más antiguo de todos: la cartelería.

Como recoge el New York Times, la agencia de información TASS fue la encargada de reproducir múltiples de forma continua y masiva. La propaganda soviética, al igual que la de las Potencias del Eje, mostraba ilustraciones de más de un metro de largo en las que se pretendía realzar la moral del pueblo y derrocar la autoestima de los adversarios. Por ello, en ocasiones se representaron a los nazis en forma de caricaturas, como si del enemigo de un cómic se tratase.

La propaganda soviética también tenía la función de luchar contra el analfabetismo, razón por la que esta cartelería fue primordialmente visual y únicamente empleaba varios mensajes claros y directos. Mientras tanto, el cine todavía continuaba relegado a las clases sociales más adineradas, por lo que la forma más efectiva de despertar el espíritu patrio de los obreros continuaba siendo la más básica.

COMO ERA HITLER

Aunque era austríaco de nacimiento, Hitler, arquitecto y pintor frustrado, aprovechó las circunstancias sociales de la Alemania derrotada tras la I Guerra Mundial para establecer en este país un demencial sistema político basado en la supremacía aria, el nacionalsocialismo y el culto a su propia personalidad.

El historiador británico Allan Bullock, uno de los más reputados biógrafos de Adolf Hitler, estaba convencido de que la enfermiza mentalidad del dictador se encontraba exclusivamente enfocada a la reivindicación del poder absoluto.

 

Efectivamente, el Führer parece encarnar la misma esencia de la brutalidad. Y aún así, su elección en las urnas fue aclamada por cientos de miles de personas y buena parte de Alemania le siguió devotamente a la guerra. ¿Cómo se explica semejante fenómeno? Ian Kershaw, catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Sheffield, en Inglaterra, autor de un monumental ensayo sobre esta figura, señala que para entenderlo es imprescindible profundizar en su experiencia durante la Primera Guerra Mundial. 

Un monstruo lleno de odio incapaz de experimentar la empatía

“Aquellos años influyeron mucho en su psicología. En el frente se deshumanizó y desde entonces no hizo otra cosa que buscar culpables; se obsesionó con dar la vuelta a la historia”, apunta Kershaw en una entrevista en El País. Otros investigadores, sin embargo, como la escritora y psicóloga de origen polaco Alice Miller, creen que es necesario ir más allá y penetrar en su infancia para descubrir las raíces del mal.
Hitler nació en Braunau, una pequeña aldea austriaca situada cerca de la frontera con Alemania. Su padre, Alois Hitler, era un modesto y severo agente de aduanas. En su estudio How could a monster succeed in blinding a nation?, Miller comenta cómo el Führer le relató a su secretaria que en una ocasión fue capaz de contar los 32 golpes que le propinó Alois sin verter una lágrima.

 

“Hitler desarrolló una personalidad primitiva, incapaz de experimentar empatía, sedienta de odio”, indica. Quizá por ello Adolf, que era el segundo de seis hermanos -aunque sólo él y su hermana Paula sobrevivieron a la infancia-, se sentía especialmente unido a su madre, Klara, cuya muerte, en 1907, le afectó profundamente.

 

Su padre, que había fallecido cuatro años antes, deseaba que su hijo fuera funcionario, una perspectiva que no agradaba al joven Hitler, que se inclinaba más por la pintura y la arquitectura. No lo logró: suspendió en dos ocasiones el examen de acceso a la Universidad de Linz -donde se interesó en las ideas antisemitas del profesor Leopold Poetsch- y fue rechazado por la Escuela de Bellas Artes de Viena “por falta de talento”.

Hitler, que malvivía en la capital austriaca de la venta de sus pinturas, se trasladó a Munich en 1913, en parte atraído por la potencia de Alemania y en parte para eludir el servicio militar. Un año después, sin embargo, no dudó en alistarse como voluntario en el ejército de ese país. Durante la Gran Guerra fue destinado a Francia y Bélgica como mensajero, alcanzó el grado de cabo y recibió dos cruces de hierro. Al término del conflicto, Hitler quedó temporalmente ciego por un ataque con gases tóxicos y fue trasladado a un hospital de campaña. Allí fue diagnosticado como “peligrosamente psicótico”, una manía que se acrecentó cuando Alemania capituló en noviembre de 1918.

 

Más tarde, las draconianas condiciones que estableció el Tratado de Versalles contribuyeron a crear las condiciones sociales y políticas que le darían el poder. En septiembre de 1919, se unió a un pequeño partido de extrema derecha, el Partido Obrero Alemán, el futuro partido nazi.

Sobre todo, despreciaba a los judíos y a las democracias

Dos años después, había ganado una gran notoriedad con sus discursos, en los que atacaba a los grupos rivales y a los judíos. Su carrera política tomó un rumbo aún más drástico y en 1923 intentó derribar el Gobierno bávaro en Munich, una acción que le supuso una condena de cinco años de prisión, de la que sólo cumplió ocho meses. Aprovechó su estancia en presidio para dictar Mi lucha, todo un manifiesto en el que queda patente su desprecio hacia la democracia y los judíos.
Ya en libertad, Hitler aprovechó la crisis económica para atraerse el voto: prometió crear puestos de trabajo y devolver a Alemania su pujanza. Aunque fue derrotado en las elecciones de 1932, promovió una ola de revueltas que llevó al Gobierno al colapso. Así, el 30 de enero de 1933, fue elegido canciller. Año y medio después se nombró Führer -Guía-, y se preparó para eliminar toda oposición. El Partido se hizo cargo del aparato burocrático, inició el proceso de eliminación de los “enemigos de Alemania”, tomó el control de la economía y creó la Gestapo, un cuerpo de policía que combatía las “tendencias peligrosas para el Estado”.

El Führer había preparado el país a conciencia para la guerra. Ian Kershaw señala que Hitler aprovechó el sentimiento de vergüenza nacional originado tras la Gran Guerra para intentar destruir a los “pueblos inferiores”, una iniciativa fustrada por la resistencia de británicos y soviéticos y la entrada en el conflicto de los EE UU.

Aunque nunca tuvo en mente capitular, su salud, sin embargo, era delicada: padecía jaquecas, crisis cardiacas y posiblemente ictericia. Y es que para entonces, el dictador era una ruina humana. En 1931, a raíz del suicidio de su sobrina Geli Raubal, de la que estaba profundamente enamorado, dejó de comer carne.

 

Su dieta, por el contrario, incluía grandes cantidades de anfetamina pura que le provocó irritabilidad y alucinaciones. En un documento de 1943, Henry Murray, miembro de la Oficina de Servicios Estratégicos, precursora de la CIA, realizó un informe sobre su personalidad que acabó siendo premonitorio. En él señalaba que en caso de derrota podría suicidarse de forma dramática. Así fue. En la madrugada del 29 de abril de 1945, dictó su testamento y contrajo matrimonio con Eva Braun. Un día después, ambos se suicidaron. Sus cadáveres fueron sacados al jardín de la cancillería, rociados con gasolina e incinerados.

 

Fuente: http://www.muyhistoria.es/contemporanea/articulo/asi-era-adolf-hitler

¿SABÍAS QUÉ?

Japón bombardeó China con pulgas infectadas con la peste bubónica

En 1940, el Ejército Imperial Japonés bombardeó la ciudad china de Ningbo con bombas de cerámica llenas de pulgas infectadas con la peste bubónica. Esto provocó numerosas enfermedades y la muerte de más de 100 personas.

 

Hitler planeaba convertir Moscú en un lago

Durante la batalla de Moscú, la capital soviética era considerada el principal objetivo militar y político de las fuerzas del eje para la invasión de la URSS. Según los planes de Adolf Hitler, Moscú, junto con Leningrado y Kiev, debía ser destruido y cubierto por un gran lago artificial con la apertura de la presa del canal Moscú-Volga.

 

EE.UU. y Nueva Zelanda probaron 3.700 ‘bombas tsunami’

 Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y Nueva Zelanda llevaron a cabo una operación secreta llamada ‘Proyecto Seal’ para crear una devastadora ‘bomba tsunami’ capaz de devastar ciudades costeras. Alrededor de 3.700 bombas fueron detonadas en Nueva Caledonia (Oceanía) y Auckland (Nueva Zelanda) durante las pruebas.

 

 Se sacrificó a los animales venenosos del zoológico de Londres

 Con el estallido de la guerra el 1 de septiembre de 1939, el zoológico de Londres mató prácticamente a todos los animales venenosos que se encontraban en sus instalaciones. Con esta medida se querían evitar víctimas en el caso de que el zoológico fuera bombardeado y los animales huyeran.  

 

 Después de la guerra, Hitler planeaba construir un “museo de una raza extinta”

 El líder nazi Adolf Hitler quería construir el “museo de una raza extinta”, en el cual se exhibirían objetos de los judíos después de haberlos exterminado.

¿QUÉ PASARÍA SI HITLER PASEARA HOY POR ALEMANIA?

Esta nación no debería existir.

Sin embargo, como ya comprobé, aún está aquí, un hecho que me queda difícil comprender.

Por otro lado, yo estoy aquí también, y eso tampoco lo puedo entender”.

Quien nos habla es Adolfo Hitler, poco después de despertar en un campo, bajo el cielo azul con una que otra nube, un día de 2011, en Alemania.

Y no está contento.

La guerra… perdida; el partido nazi… extinto; y una mujer dirige su amada patria.

Decide entonces retomar el control, sólo que esta vez su camino a la supremacía pasa por el estrellato en televisión y la fama en internet.

A medida que aumenta la popularidad de sus diatribas contra la política y los extranjeros, crece su poder.

Imaginándose qué pasaría si Hitler estuviera vivo, el autor Timur Vermes ha cautivado con su obra “Ha vuelto” a más de millón y medio de alemanes desde su publicación en 2012.

Su provocativa sátira estuvo en la cima de los libros más leídos durante 20 semanas en Alemania y ha sido traducido a más de 40 idiomas.

Su triunfo causó cierta sorpresa, dada la indiferencia inicial de la crítica y los comentarios poco favorables que recibió su obra después.

Y, ahora, vuelve a estar en boca de muchos por el estreno de la película que no sólo se basa en esa novela cómica, sino que además sacó a Hitler a pasear por las calles alemanas 70 años después de su muerte.

Y eso reveló un aspecto menos divertido de la Alemania de hoy.

No es, por supuesto, la primera vez que el Führer es objeto de risas; películas como “El Gran Dictador”, de Charlie Chaplin, y “Los productores”, de Mel Brooks son apenas dos de varias.

Y en Reino Unido hay una larga tradición de burlarse de quien fue el gran enemigo por tantos años.

Sin embargo, aunque en Alemania no amaina la fascinación por su pasado nazi y su líder, no lo ha examinado a través del humor tanto como otros.

Eso a pesar de que uno de los primeros libros que se publicaron en la Alemania de la posguerra fue una compilación de chistes sobre los nazis, que buscaba mostrar que algunos alemanes se rebelaban contra ellos, así fuera susurrando.

Y, en el año de la fundación de la Alemania moderna (1949), los berlineses occidentales se divertían con el show del escritor satírico Günter Neumann “Yo fui el bigote de Hitler”. Reírse de Hitler, en ese entonces, era una forma de mostrar que estabas del lado de los buenos.

Pero en los años 60, la crítica, no sólo contra el Führer sino contra la generación que votó por él, se hizo más dura, y el espacio para la comedia se estrechó.

Aunque no desapareció. Entonces, ¿trajo algo nuevo Vermes?

Reírse con él

Además de ponerle en frente un espejo a nuestra sociedad, valiéndose del mecanismo de catapultar a un extraño que se ve obligado a descubrirla, Vermes resaltó que, en este caso, “no nos estamos riendo de Hitler, nos estamos riendo con él, y notamos la diferencia“, según le dijo a The New York Times.

“Nos da una sensación escalofriante”.

Para el autor, al rehusarse a presentar a Hitler como un demonio, su novela fuerza al lector a considerar por qué tantos alemanes lo ayudaron, y a preguntarse si ellos habrían hecho lo mismo.

“Parte del éxito del libro es que te sorprende que alguien como Hitler puede ser de alguna manera atractivo. Hay casos en los que uno piensa que quizás tiene razón”, le dijo Vermes al diario Stuttgarter Nachrichten.

Al Führer “tratamos primero de no mencionarlo, luego lo volvimos un monstruo. Después, nos burlamos de él. Este es el siguiente paso”.

Y cuando el equipo de filmación de la versión de “Ha vuelto” para el cine dio otro paso más en esa dirección, el humor tomó un tono más oscuro.

 

De la página a las calles

 

Imagínate la escena: Adolfo Hitler pasa por la Puerta de Brandeburgo, quizás el lugar más famoso de Berlín.

El lugar está repleto de turistas con sus teléfonos y palos para autofotos o selfies que, apenas lo ven, pierden su interés por el histórico monumento y se van como moscas a la miel a fotografiarse con el tristemente célebre personaje.

 

“La gente se apeñuscó a mi alrededor”, le contó Oliver Masucci, el actor que interpreta alFührer, al diario The Guardian. “Una me dijo que me amaba y me pidió que la abrazara. Otro, para mi alivio, me empezó a golpear. Y una negra me dijo que yo le daba miedo”.

Pero durante la filmación a lo largo y ancho de Alemania, la respuesta tendió a ser menos variada: “La gente se olvidaba de las cámaras y empezaban a hablarle al hombre (Hitler), a sincerarse con él”, contó Masucci.

Según el director David Wnendt, sus viajes revelaron “un profundo descontento en la población, con gente de todas las clases sociales demostrando que están en contra de los extranjeros y le temen a la islamización”.

Por ello, no les extrañó el surgimiento del movimiento antimusulmán Pegida, que contó con decenas de miles de personas en sus demostraciones hace unos meses.

“No nos sorprendió que salieran a las calles. Tenemos en cámara a esa clase media que está inclinándose hacia la derecha”, le dijo Masucci al canal alemán ARD.

 

Historia incompleta

La visión contrasta con las imágenes recientes de alemanes recibiendo a refugiados con los brazos abiertos en la estación central de Múnich y otros lugares del país, lo que resalta el feroz debate en el que está imbuido el país para definir si la llegada en masa de estos extranjeros es una oportunidad o una amenaza.

tendencia a la derecha.

Así que “Ha vuelto” ya no es sólo cosa de risa: parece haber llegado en un momento muy oportuno para contribuir a la discusión.

Por supuesto que una película no es un estudio sociológico y que la realidad siempre tiene muchas caras pero tras ver la película, el semanario Die Zeit concluyó que siete décadas más tarde, Hitler ejerce una atracción perdurable para todos los alemanes.

“El público alemán (que aparece) en este filme acompaña a Hitler como a alguien que domina la escena… él encarna una historia que sigue incompleta”.

 

FUENTE: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/10/151007_hitler_ha_vuelto_pelicula_finde_dv

VIDEO SOBRE AVIONES DESAPARECIDOS DURANTE LA SGM

Fascinante video que contiene imágenes de aviones que desaparecieron de los cielos durante la Segunda Guerra Mundial y que se han encontrado en la actualidad. Algunos aviones han sido restaurados y puede volar de nuevo. Entre ellos encontramos el: Mitsubishi A6M Zero; Junkers Ju 88; Curtiss P-40; Tupolev SB-2; Junkers Ju-52; B-24D Libertador; Focke-Wulf Fw 190; Tupolev TB-3.

 

LINK PARA VER EL VIDEO: https://www.youtube.com/watch?v=VQMVJEVy-Rc

 

¿FUE LA MANZANA DE APPLE UN HOMENAJE A TURING, EL MATEMÁTICO QUE DESCIFRÓ LA MÁQUINA ENIGMA?

Leyenda o realidad, lo que vamos a contar hoy es una curiosa historia. ¿Cuál es el origen de la manzana de Apple, uno de los logos más conocidos del planeta? ¿En qué se inspiró Steve Jobs, el fundador de la compañía, cuando eligió la famosa manzana mordida como seña de identidad de su empresa? En torno a esta cuestión ha habido diferentes teorías, sin que la respuesta haya llegado nunca a estar clara, en parte por las ambigüedades de Jobs al contestar.

Una de las interpretaciones más extendidas es que la manzana Apple sería una especie de homenaje algran matemático británico Alan Turing (1912-1954). Conocido por su aportación paradesentrañar las claves del funcionamiento deEnigma -la máquina con la que los nazis se enviaban mensajes cifrados-, Turing es considerado uno de los pioneros de la computación moderna. Jobs manifestó en más de una ocasión su admiración hacia este genio de las matemáticas cuya vida tuvo un final trágico. Su destino se torció en 1952, cuando fue detenido acusado de mantener relaciones homosexuales con un joven de 19 años. Previamente, Turing le había denunciado por robo, y en el transcurso de la investigación la policía descubrió la relación que mantenían ambos, tipificada como delito en la conservadora sociedad británica de la época.

Este hecho marcó un punto de inflexión en la vida del matemático, que tuvo que elegir entre ir a prisión o la castración química con estrógenos. Eligió esta segunda opción, pero el impacto emocional fue tal que terminó suicidándose. Quizá inspirado en el cuento de Blancanieves –esta es la hipótesis de David Leavitt, uno de sus biógrafos–, optó por morder una manzana rociada con cianuro para poner fin a su vida. Fue en 1954, cuando tenía 41 años.

Más de medio siglo después, Reino Unido decidió rehabilitar su figura: primero el Gobierno pidió públicamente perdón por el trato dispensado al matemático; 2012 fue declarado el Año de Alan Turing y ya en 2013 la reina Isabel II exoneró al científico de todos los cargos en su contra.

Hoy existe un consenso a la hora de considerarle alguien clave en la historia de las matemáticas. De su trayectoria vital y también de sus aportaciones más significativas habla el libro Rompiendo códigos. Vida y legado de Turing (CSIC-Catarata), escrito porManuel de León y Ágata Timón, del Instituto de Ciencias Matemáticas. A lo largo de sus páginas, los autores explican cómo el trabajo de Turing sentó las bases de la informática moderna y fue decisivo para que en la Segunda Guerra Mundial vencieran los aliados, ya que su investigación criptográfica aceleró el final del conflicto al vulnerar las comunicaciones alemanas a través de las máquinas Enigma.

TRABAJADORES EXTRANEROS EN EL TERCER REICH.

Al comenzar la Segunda Guerra Mundial había en el Reich alemán cerca de 650.000 trabajadores extranjeros. Un año después, en septiembre de 1940, había aproximadamente 1,3 millones, de los cuales 741.000 trabajaban en tareas agrícolas y 556.000 en la industria. En mayo de 1941 trabajaban en el territorio del Reich 3 millones de extranjeros y prisioneros de guerra; en 1942 eran 4,2 millones; en 1943 eran 6,3 millones y casi al final de la guerra, en 1944 el total ascendía a la cifra de 7,1 millones. A pesar de ello, no podía atender satisfactoriamente la creciente demanda armamentística. En 1944, entre el 22 y el 23% de los empleados eran trabajadores forzosos; de ellos, el 5% eran prisionersos de los campos de concentración, aproximadamente un total de 500.000.

El mayor porcentaje de estos “tranajadores extranjeros” correspondía a los millones de prisioneros de guerra y “trabajadores del Este” procedentes de la Unión Soviética. A continuación estaban en millón y medio de trabajadores civiles y los 500.000 prisioneros de guerra de Polonia. De Francia llegaron más de un millón y medio de trabajadores. A los 160.000 prisioneros de guerra serbios llegados de Yugoslavia se les sometió enseguida a duras condiciones de trabajo forzado, y l mayor parte de los 725.000 militares italianos prisioneros en 1943 sufrió la misma suerte, En Bélgica y en Holanda también se hicieron reclutamientos de trabajadores forzosos; un recuento exhaustivo incluiría individuos de casi todas las naciones europeas.